dijous, 30 de juliol de 2009

Estoy triste

Estoy triste porqué no me gusta lo que veo, no me gusta el mundo que van a heredar mis hijos.

Un planeta casi agonizante. Una sociedad cada vez más individualizada, fría y con una preocupante ausencia de valores. Una sociedad violenta. Violenta con las personas y violenta con los animales. Una sociedad donde el dinero cuenta más que cualquier otro valor o circunstancia.

Una sociedad que asiste a diario, a través de las pantallas de televisión y del ordenador, a un montón de sinrazones. Marido mata a mujer. Chaval arremete en el metro contra una chica. Mocosos violan a una niña. Niños dejan inválido a un cachorro de gatito. Aparecen galgos ahorcados. Se inflinge sufrimiento a unos toros para celebrar no sé cual santo o santa patrona. Abandonan a un bebé humano en un contenedor de basuras. Lo mismo pero con cachorros de perro o gato.

Todos coincidimos en criticar la muerte de esa mujer a manos de su ex pareja, el abandono del bebé recién nacido en un contenedor de basuras, la agresión a la pobre chica en el metro de Barcelona. Quedamos escandalizados por la violación de una niña a manos de unos mocosos.

Asistimos aterrorizados a las ablaciones de clítoris, pero no nos rasgamos las vestiduras cuando unos niños dejan inválido a un gatito. Cosas de niños.

La policía persigue y pone a disposición judicial a los padres que abandonan a su hijo, pero mira hacia otro lado cuando el abandonado es un perro.

Los gobiernos invierten millones para intentar detener la creciente corriente de violencia de género hacía la mujer humana, pero sigue subvencionando la violencia de género hacía el macho bóvido.

Los que matan a una mujer son considerados locos y asesinos, los que matan a un toro, maestros y héroes.

Los que asesinan a un policía tienen nombre y fotografía, pertenecen a una asociación de criminales y afortunadamente suelen ser capturados y puestos s disposición de la justicia. Los que asesinan a un perro también pertenecen a una asociación, normalmente de cazadores, pero no tienen ni rostro ni nombre, porqué nadie los busca, nadie los encuentra, y nadie los castiga.

¿Porqué nos empeñamos en pensar que somos los reyes de la creación, los amos y señores del planeta y de todos los seres vivos que en él habitan?, ¿porqué despreciamos el dolor y el sufrimiento de un animal?

Por un lado tenemos un grave déficit cognitivo propiciado en gran medida por la propia iglesia y por la sesgada interpretación de las escrituras. El hombre es la gran creación de Dios. Esta visión perdura, y la iglesia no hace gran cosa para cambiarla. Sigue permitiendo que para honrar a los santos se sigan torturando, de la forma más cruel y maquiavélica, numerosos animales.

Por otro lado tenemos los intereses económicos. Como hay tanto dinero y tanto lobby de poder tras las corridas de toros y los cazadores, pues eso, nadie interviene, la tortura y el asesinato se institucionalizan, se permiten e incluso se subvencionan.

Y finalmente nos encontramos con la mezquindad humana. Porqué no nos engañemos, hay buenas y malas personas. Hay conciencias evolucionadas que rechazan cualquier tipo de violencia, y hay personas que hacen de la violencia su compañera de viaje. Violencia contra todo animal, humano y de cualquier otra especie.

Fue Gandhi, la antítesis de la violencia, quien dijo que una civilización puede ser juzgada por la forma en que trata a los animales. Y nuestra civilización realmente sale muy mal parada.

No legaré a mis hijos grandes bienes materiales, aunque aspiro a dejarles una gran riqueza espiritual, y una inquietud intelectual que los aparte durante su vida de la senda de la violencia.

Y como no me gusta lo que veo, intento poner mi granito de arena para cambiarlo, para conseguir una sociedad más justa, más humana, más respetuosa con todo y con todos.

Seguramente no lo conseguiré, pero al menos mis hijos recogerán el legado de mi esfuerzo, y tal vez mis nietos, o los nietos de mis nietos, puedan nacer en un mundo objetivamente mejor.

1 comentari:

Fin Maltrato Animal ha dit...

Sólo hay un error, querido Carles, en tu excepcional escrito; es al final, cuando dices que "no conseguirás hacer de esta Sociedad un espacio más justo y respetuoso...".

Lo lograrás y lo estás haciendo ya. Porque tu dignidad, tu valentía y tu expresión clara, profunda y sin rodeos, nos sirve de referente a muchos de los que batallamos a tu lado, y también está contribuyendo a despertar el compromiso en tantas conciencias dormidas.

Sigue así Compañero, siendo un revulsivo contra el egoísmo humano.

Gracias y Salud.

Julio Ortega