dijous, 5 d’octubre de 2017

Sobre Constitución, Estado y rey

El rey se jugaba la corona y olvidó en su discurso a una buena parte de los catalanes, y permitidme que no entre en baile de porcentajes para intentar no faltar a la verdad y a una realidad compleja, en cualquier caso, es evidente que los catalanes olvidados son una masa crítica considerable.

Muchos aplauden al rey por no olvidar a una parte de los catalanes, la pregunta es ¿y a los otros quien los defiende? Pues visto lo visto, aparte de algunos medios de comunicación internacional, algunos observadores internacionales horrorizados por lo que vieron el domingo, y algunos políticos que miran con cierta simpatía el movimiento pacífico de estas gentes ilusionadas por crear una nueva república, en general el establishment Europeo e internacional prefiere callar y mirar hacia otro lado amparándose, unos en que es un asunto interno -cómo si la violación de derechos humanos lo pudiese ser- y otros en la legalidad que dimana de la Constitución española.

Pocos llegan a plantearse si la constitución no es en el fondo una trampa legal. Una trampa que evitará por los siglos de los siglos que ningún territorio tenga el más mínimo derecho a crear un Estado independiente. Seamos claros, es un argumento tramposo pedir a una minoría de un país (aprox. un 16%) que busque los apoyos parlamentarios necesarios para modificar la Carta Magna, y lo es porqué es evidente que jamás existirán tales apoyos, al menos para permitir la independencia de Cataluña, si se tratara de la independencia de Extremadura tal vez -nótese el condicional- existiría alguna posibilidad, aunque fuera única y exclusivamente por motivos económicos.

La oposición a la independencia de Cataluña tal vez tenga en parte alguna connotación económica, pero creo que, por encima de ello, sobre todo viendo el “a por ellos” y otras lindezas, tiene una clara motivación de posesión: Cataluña es de España.

Bajo mi humilde punto de vista, y por supuesto puedo estar equivocado, un Estado moderno no puede basarse en el concepto medieval de la posesión de tierras y territorios. La indivisibilidad de España se me asemeja más a un concepto religioso -algo que no se puede demostrar pero que hay que creer ciegamente- que a una concepción moderna del concepto de Estado.

Un Estado moderno debiera consistir en la “libre” asociación de territorios y gentes, y esa libertad de asociación implica la no imposición de pertenencia a un territorio. Podremos discutir qué masa crítica es necesaria para permitir la separación a un territorio, pero creo que no es justo condenarlo a su pertenencia eterna.

Nota al pie:
Sé perfectamente que rey se escribe con la “r” mayúscula, pero cómo considero que no es el rey de todos los españoles -yo no lo voté y además hoy tengo más claro que nunca que no me representa- y para más INRI soy un republicano convencido desde siempre, me permito esta licencia ortográfica.
Algunos tal vez me insultareis, lo sé, claro que si yo insulto al rey me puede caer una demanda judicial, por ello utilizo la minúscula como protesta esperando que por ello no se me pueda demandar ante los tribunales.
Vosotros tranquilos, insultadme que os saldrá gratis, hace tiempo que sé que no todos somos iguales ante la ley, por mucho que ese sea otro de los falsos mantras de la Constitución, como el del derecho al trabajo y el derecho a una vivienda digna. Por lo visto en la Constitución hay artículos que pueden incumplirse sistemáticamente y otros que son palabra de Dios.