diumenge, 25 d’octubre de 2009

Comentarios acerca de la Declaración de La Asociación Taurina Parlamentaria ante la ILP PROU

Quisiera hacer unos comentarios acerca de la declaración de la ATP sobre la ILP. La verdad es que son comentarios totalmente obvios, que no sería necesario efectuar de no ser porque los diputados y senadores que componen la ATP han querido escribir sus argumentos, en contra de la ILP, en una declaración pública.

La verdad es que tras leer los 4 puntos de que consta la paupérrima declaración a uno le queda una sensación de decepción. Sinceramente se espera mucho más de unos animales políticos que han llegado a los más altos estamentos. Se espera mucho más de unas personas que han dedicado buena parte de su vida a la política y a las cuales se supone habilidad oratoria suficiente para convencer a la audiencia de que lo blanco es negro o viceversa.

Pero el problema no son las personas. No es una cuestión de falta de talla política, de falta de habilidad oratoria, o de retórica empobrecida. El problema es la causa que los une. Y es que cuando una causa no tiene defensa alguna es muy difícil de defender, incluso para aquellos acostumbrados a defender lo indefendible.

La declaración de la ATP ante la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) consta de cuatro puntos que enumero seguidamente:

PRIMERO: Esta asociación, respetando el libre derecho para proponer iniciativas dentro de los cauces legalmente establecidos, reitera una vez más su absoluta discrepancia con la finalidad de dicha Iniciativa, por entender que su aprobación supondría una gran pérdida para el patrimonio histórico y cultural de Cataluña, donde siempre ha existido una secular tradición taurina.

(Comentario: como fedatario agradezco su respeto a la legalidad, no esperaba menos. En Catalunya, igual que en el resto de España, han existido muchas tradiciones que se han abandonado con el pasar de los siglos, por entender que eran incompatibles con el avance ético y moral de la sociedad. No creo que esta tradición, que se basa en el maltrato público de un mamífero hasta la muerte, tenga cabida hoy en día en la categoría de patrimonio cultural. La sociedad actual tiene una percepción muy distinta de aquello que es verdadera cultura. Respecto al patrimonio histórico, para aquellos estudiosos que lo deseen, siempre quedaran las hemerotecas y las miles de horas de vídeo grabadas)

SEGUNDO: Que además, la prohibición que la Iniciativa pretende, supone atentar gravemente contra la pluralidad de aficiones y preferencias que es consustancial en una sociedad libre y democrática.

(Comentario: también existía gran afición a las peleas de gallos y perros, y estas fueron prohibidas por la ley de protección animal de Catalunya en 2003. Nadie, excepto supongo los aficionados y los que se lucraban con tales peleas, planteó que se tratara de un grave atentado a la pluralidad de aficiones y preferencias, y aquí nos tienen, seguimos viviendo en una sociedad libre y democrática, pero con las peleas de gallos y perros sumidas en la más absoluta ilegalidad. Podría poner otros ejemplos de aficiones y preferencias que tienen un público adepto y que están prohibidas, perseguidas y castigadas. La pluralidad de aficiones y preferencias no debe estar reñida con la ética y la moral de la sociedad. La ILP solo pretende eliminar de la ley de protección animal un agravio comparativo respecto al toro, pues entendemos que el toro es también un animal, ¿o no?)

TERCERO: Que igualmente la prohibición supondría una vulneración del respeto a la libertad del pueblo de Cataluña en una manifestación tan arraigada como la Fiesta de los Toros por lo que exigimos respeto y tolerancia para quienes desean la continuidad de la misma.

(Comentario: en realidad este punto dice exactamente lo mismo que el anterior pero con otras palabras, pero puesto que citan al pueblo de Catalunya y su libertad, solo recordarles que justamente esta iniciativa ha sido firmada por más de 180.000 ciudadanos de Catalunya como legítima y libre expresión de su rechazo a la continuidad de esta “fiesta” en su territorio, fiesta tan arraigada en Catalunya, que es rechazada o despreciada por al menos 8 de cada 10 personas, según todas las encuestas serias que se han llevado a cabo)

CUARTO: Por último, esta Asociación expresa su total solidaridad con los parlamentarios que están a favor de la Fiesta ofreciéndoles todo apoyo que precisen en tarea de oposición ante tan injustificada prohibición.

(Comentario: la mayor parte de la sociedad civil catalana apoya a todos los parlamentarios que están a favor de la abolición de tal fiesta, y les ruega a aquellos que no tengan claro todavía el sentido de su voto que examinen y valoren las múltiples justificaciones que acompañan su presentación)

En definitiva nada nuevo bajo el sol, ningún argumento a destacar, solo tradición, arraigo a la tradición, invariabilidad de la tradición. A veces me pregunto si para esas personas la sociedad debe mantenerse anclada en su pasado por los siglos de los siglos en todos los ámbitos, o solo en lo que respecta a esta peculiar fiesta.

Fiesta que de cultura, sobre todo para la educación de nuestros hijos, no tiene nada. Se trata de un anacronismo más, algo que no tiene cabida en la actual sociedad. Es una contradicción flagrante al respeto por la naturaleza y los seres vivos que intentamos inculcar desde pequeños a nuestros escolares.

Como patrimonio histórico solo espero que quede como eso exactamente, como parte de nuestra historia, al igual que sucede con el circo Romano, la esclavitud, la inquisición, el derecho de pernada, o la cabra que tiraban desde el campanario de Manganeses de la Polvorosa.

En fin, señores diputados y senadores de la Asociación Taurina Parlamentaria, que para decir lo que han dicho casi era mejor no decir nada, y al menos no se ponían ustedes en evidencia por esa angustiosa, para ustedes claro, falta total de argumentos para defender la tauromaquia.

divendres, 23 d’octubre de 2009

El Rey Juan Carlos recupera el récord nacional de Venado

Este es el titular de la noticia que podemos leer en el diario digital Expansión http://www.expansion.com/2009/09/28/entorno/1254163976.html

Sinceramente nunca he sido monárquico, más bien todo lo contrario. Tampoco se me ocurriría quemar públicamente fotografías del rey o su familia, aunque tampoco entiendo que en un estado con libertad de expresión, ello merezca la intervención de la fiscalía. De igual modo que me parece totalmente vergonzante el trato que se le dispensó al semanario el Jueves por caricaturizar al príncipe y su esposa.

Hay muchas cosas que no entiendo respecto a la institución monárquica. No entiendo que según la Declaración Universal de los Derechos Humanos todos nazcamos libres e iguales en dignidad y derechos, y sin embargo unos pocos elegidos, por ser hijos de quien son, nazcan príncipes y se conviertan en reyes. Algo que además choca frontalmente con la constitución Española que, en su artículo 14, dice : “…sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento…”.

Pero también hay cosas, que no solo no comparto, sino que además me avergüenzan profundamente de Juan Carlos, también llamado “alteza”, aunque tal apelativo parece ser que nada tiene que ver con su altura, y mucho menos con su altura moral y ética respecto a los animales.

La noticia en sí me parece casposa, más propia de un articulo de prensa rosa que de prensa económica color sepia, y con un trasfondo tremendamente triste, la muerte a manos del rey de España de hermosos venados. Me parece trasnochado que un rey se tenga que dedicar, como aquellos de la edad media, a salir de cacería para cultivar su ego de macho entre los machos. Exactamente como hacen tantos cazadores en nuestro país.

Me parece patético que nuestro rey se dedique a viajar por todas partes para disparar y matar a toda suerte de animales, incluidos numerosos osos en Rumania y el tristemente famoso Mitrofan que mató en Rusia. Juan Carlos, que en su juventud mató accidentalmente a su hermano mientras manipulaba un arma corta, no aprendió la lección y sigue teniendo una gran afición por las armas, afición que le lleva a la práctica habitual de la caza mayor.

Me parece inaudito que en un país moderno y democrático, como se supone es el nuestro, andemos reservando para los jefes de estado medallas de oro al mayor ciervo asesinado. El artículo me retrotrae a épocas pasadas, tan bien caricaturizadas en la película de 1977 “la escopeta nacional”. Es como si el tiempo se hubiera detenido, como si la sociedad no hubiera avanzado.

Muchos italianos sienten rabia por los escándalos de Berlusconi relacionados con féminas, y yo, sin querer ahondar en las correrías de nuestro rey en este aspecto, que para ello ya hay multitud de libros que relatan las tendencias de los Borbones, siento rabia por su afición a la caza, por su desprecio respecto a la vida de los animales salvajes, de los ciervos, de los osos, de los machos monteses, y de tantos y tantos otros.

Me rebela que con el dinero de los impuestos de todos los españoles se compre las escopetas y la munición. Me rebela que el rey de “todos” los españoles, entre los que también estamos aquellos que no aprobamos la caza, se distraiga matando animales. Podría jugar al golf, y no me dolería tanto que parte de mis impuestos se destinasen a su diversión.

Tenemos una institución trasnochada que, aunque haya evolucionado en apariencia, sigue anclada en costumbres pasadas que cada vez gozan de más rechazo social. Ya va siendo hora que las instituciones de nuestro país evolucionen. Ya va siendo hora que algunos de los que nos representan seleccionen mejor sus actividades de ocio y disfrute.

dissabte, 17 d’octubre de 2009

No aceptamos la tortura de un ser vivo como “bella arte”

Bellas Artes se denomina a aquellas que tienen por finalidad expresar la belleza; históricamente las principales son: la arquitectura, la escultura, la pintura, la música (que incluye el teatro), la declamación (que incluye la poesía) y la danza. Es por ello que hoy en día al cine se le llama a menudo el séptimo arte.

Pero en España, que somos más papistas que el papa, hemos inventado algo así como el octavo arte; la tauromaquia. Y es que viene siendo habitual últimamente que a distintos matadores de toros se les galardone con la medalla de oro al Mérito de las Bellas Artes, máximo galardón “cultural” que se concede en nuestro país.

En 2003 fueron Espartaco y Bienvenida, en 2004 Paco Camino, en 2005 José Mª Manzanares, en 2006 Enrique Ponce, en 2007 el ínclito José Tomás, y en 2008 Fran Rivera, que recibirá este mes de octubre su medalla.

Todos ellos han recibido el galardón en compañía de escritores, pintores, escultores, músicos, cantantes, actores y actrices, fotógrafos, arquitectos y diseñadores, entre otras dignas y ejemplarizantes profesiones.

Y llegados a este punto uno se pregunta, ¿es un arte bello el que practican los matadores de toros?. Seguro que hay personas que así lo creen, incluidos los sucesivos ministros/as de Cultura, el Rey de España, y algún que otro ministro más.

Estoy convencido que el toreo es en sí un arte basado en una técnica, del mismo modo que en la sala de despiece de un matadero podemos encontrar a verdaderos artistas con técnicas depuradísimas. Entonces, ¿porqué no se otorgan también las medallitas a algunos matarifes?, la respuesta es clara; en las salas de despiece de los mataderos no hay público, no hay música, no hay vítores, y tampoco cámaras de televisión.

Un matadero es un lugar frío, aséptico, donde se oyen los gritos despavoridos de las reses mientras se desangran y ven acercarse el inmediato final. Sin embargo el tránsito de la vida a la muerte es infinitamente más rápido en manos del matarife de cualquier matadero, que en las de un torero. En la plaza los gritos de dolor del toro son ahogados por el griterío de los espectadores y el sonido de la música de la banda.

Lo que se le hace al toro en la plaza es una tortura gratuita. Una tortura al servicio del lucimiento del torero y para el disfrute (curioso cuanto menos) de los espectadores. Un espectáculo en el que al toro se le clavan toda suerte de artilugios para debilitarlo, hasta que finalmente muere, a veces tras varias estocadas y descabellos. Un espectáculo para enriquecer a unos y embrutecer a otros.

¿Y eso merece una medalla de oro a las bellas artes?. Entendería la belleza plástica de una corrida si en ella no tuviera lugar la tortura innecesaria de un ser vivo, de un mamífero. Solo puedo explicarme tal afición, y tal galardón, como resultado de una especie de ceguera selectiva por la cual los aficionados son capaces de captar la belleza de unos pases, sin caer en la cuenta del sufrimiento propinado al toro. ¿Es posible que el público se pare a observar el ajustado traje de luces, y aquello que tal estrechez marca, sin ver siquiera los borbotones de sangre que vomita el toro?.

Yo creo que los espectadores y aficionados ni siquiera se plantean el sufrimiento del astado. Al toro lo ven como a una especie de objeto animado, una cosa de 500 kilos cuyo único objetivo es embestir a una muleta. No embiste por defensa, no lo hace para que dejen de propinarle dolor, lo hace simplemente porqué es una especie de máquina de embestir, una máquina imperfecta que en lugar de perder aceite va perdiendo un líquido rojo en el que parecen bañarse algunos toreros. Toreros como José Tomás, que cuando acaba una faena, con el rostro desencajado, lleno de sangre por doquier, brinda a los fotógrafos unas instantáneas de una plasticidad y belleza dignas de una película del más puro estilo “gore”.

El ministerio de “Cultura” premia a los mejores artífices del género “gore”, pero no nos engañemos, no son efectos especiales, la sangre es auténtica, el dolor y la muerte también, y las vísceras de los caballos reventados no son de silicona. Esa es parte de la cultura que enseñamos a nuestros menores, parte de la cultura que premiamos con oro. Luego nadie se extrañe que los jóvenes le pillen el gusto al género, y ante la imposibilidad de reproducir tan bellas artes ante un toro, lo hagan ante un gato, un perro, y en el peor de los casos, aunque todos son igual de despreciables, ante un compañero o compañera de clase. Todo sea por la plasticidad de la sangre, el dolor y el sufrimiento que conduce a la muerte.

En España se conceden premios al octavo arte, pero que nadie se engañe, una inmensa mayoría de los Españoles no aceptamos la tortura de un ser vivo como “bella arte”, ni como arte a secas, ni mucho menos como cultura.



dimarts, 13 d’octubre de 2009

Perro abatido a tiros en la Sénia (Catalunya)

Hasta los criminales más sanguinarios son reducidos intentando no quitarles la vida. En más de una ocasión esta premisa de los cuerpos y fuerzas de seguridad, que prima la seguridad del detenido por encima de la del policía, ha costado la vida a algún agente.

Pero como pasa en muchos otros ámbitos de nuestra sociedad, los animales son un punto y aparte. Cualquier ser humano, por más deleznables que sean sus actos, aunque se trate de un ser de violencia y crueldad extremas y contrastadas, tiene derecho a ser detenido sin poner en peligro su integridad física, aunque dispare antes de hablar.

Los hechos acaecidos en la Senia, con la muerte a tiros de un perro de gran tamaño, que en un principio fue confundido con una leona, no hacen sino demostrar algo que ya se sabe desde hace tiempo, que los animales no gozan de los mismos derechos que los seres humanos.

Se podría discutir mucho sobre si un animal es merecedor de unos derechos, sobre todo según la zona en donde nos encontremos, pero es que en Catalunya tal discusión ya no tiene sentido. La ley Catalana de protección de los animales otorga a todo ser vivo una naturaleza mixta por la que, sin recibir la consideración de persona, se le confiere un estatus distinto de las cosas. Se le supone la capacidad de sentir y sufrir, y es por ello que se le otorgan unos derechos muy claros, entre los que se cuentan el derecho a la vida.

Creo que solo aquellos que tenemos una sensibilidad especial respecto a los animales, y que en un momento determinado nos podemos plantear la culpabilidad de un animal abandonado, hubiéramos alzado nuestra voz si el perro abatido a tiros hubiese atacado a algún niño, hubiese intimidado a algún paseante, o tuviese una actitud claramente agresiva. Pero es que en este caso el único delito de este desdichado fue el de buscar alimento en un contenedor lleno de pollos muertos. A nadie se enfrentó. A nadie atacó. Solo huía del ser humano y buscaba comida para no morir de hambre.

No entiendo la postura que adoptaron los mandos del dispositivo de búsqueda, máxime cuando varias asociaciones se habían prestado para ayudar a capturarlo y para hacerse cargo del can.

Supongo que estamos ante otra muestra más del inmundo trato que nuestra civilizada y avanzada sociedad confiere a los animales. Seguramente utilizado por algún dueño sin demasiados escrúpulos, abandonado cuando ya no servía para cumplir su cometido, y finalmente abatido a tiros por aquellos que deben velar por la protección de la naturaleza.

Cualquier persona abyecta y desalmada goza de mayores derechos que un pobre perro abandonado que a nadie ha dañado. Cada vez estamos más lejos de esa Europa avanzada a la que decimos pertenecer.

Si esto pasa en Catalunya, donde nos vanagloriamos de tener una de las mejores leyes de protección animal, ¿cómo nos echamos la mano a la cabeza cuando en otros lugares, con leyes menos avanzadas, ahorcan a los perros?.

Este hecho debe servir de debate en Catalunya, y por supuesto, debería también servir para depurar responsabilidades y trazar las líneas marco de las que nadie debería desmarcarse. Si esto no sucede, el sacrificio de este pobre perro habrá sido en vano.